La persona que encuentra nueve granos de arvejas en una sola vaina, tendrá buena suerte en lo que se propone hacer.

En el comienzo de una faena o en el estreno de algún objeto, nunca se debe desconfiar de su buen éxito, o decir que durará poco o traerá inconvenientes el objeto estrenado, porque se predice y se atrae el mal sin pensarlo, a lo que llaman arjaña. Al menos rechazan y motiva un disgusto, el pronosticar mal de una persona. Temen que por haberse dicho en mala hora se cumpla el vaticinio. Suponen que en el curso del tiempo hay momentos buenos y malos, que influyen decisivamente sobre el resultado de lo que se desea, dice o hace.


Capítulo VIII
Ideas médicas indígenas

I.—Carácter general de la medicina indígena.—II.—Conocimientos médicos de los empíricos dedicados a curaciones; empleo de drogas; sus aptitudes para la anatomía y cirugía.—Un caso referido por el P. Cobo. Cómo se forman actualmente los cirujanos.—III.—Los callahuayas; sus curaciones y hechizos; sus costumbres y estado actual.—IV.—Explicación de las palabras jampi y jampiri. Relación de otro caso.—V.—Métodos curativos: thalantaña, milluchaña, trucaka, pichaka y llumpaka.—VI.—Empleo de animales muertos y varias otras preocupaciones.—VII.—Sanidad del indio y la influencia de la coca.

I

La terapéutica indígena se compone de raros y curiosos remedios, algunos de ellos eficaces, pero aplicados siempre con la ayuda de procedimientos supersticiosos; porque el indio y el cholo personifican las enfermedades e infecciones y suponen que son atraidas a su hogar por medio de maleficios y hechizos empleados por sus enemigos, y cuando la enfermedad no es susceptible de ser personificada, la tienen como resultado infalible de algún embrujamiento, y con objeto de conseguir, en el primer caso, que se vaya la enfermedad y recobrar la salud, o deshacerse del hechizo, en el segundo, y sanar los enfermos acuden prestos a los auxilios e intervención de curanderos que, a la vez, deben ser precisamente brujos, sin cuyo requisito indispensable, nada de provecho podrían hacer en favor de sus clientes, ni tendrían influencia sobre éstos y su familia.

El arte de curar de los indios se reduce, en consecuencia, a que abandone la casa la persona de la enfermedad, y en seguida, en desembrujar al enfermo, o en obtener únicamente este último resultado, inutilizando las armas y recursos de hechicería, que contra él se han puesto en ejecución, mediante el empleo de otros más poderosos. La convicción que al respecto tienen aquéllos, es tan arraigada que no admiten réplica en contrario, y sólo les merece fe y dan importancia a quien acompaña sus curaciones con prácticas supersticiosas. Muchos de esos curanderos-brujos o kolla-camanas, son herbolarios entendidos y diestros cirujanos, que proceden con entera conciencia de lo que hacen y de la eficacia de sus recetas, pero los más son embusteros e ignorantes de su oficio. No faltan quienes manifiesten en sus curaciones medios derivados del espiritismo o hipnotismo. Mas, en lo que se parecen todos ellos, es en darlas de zahories y en fanfarronear de que nada hay desconocido o difícil para su saber, en materias relativas a su profesión.

Indios y cholos, con el prejuicio de no provenir las enfermedades de sus excesos o de contagios e infecciones, sino de los manejos aviesos de sus enemigos, que los han hecho embrujar, o de la acción de seres malignos, atraídos por los mismos, dificultan a que la medicina prospere en forma científica en estas clases, sacudiéndose de la hechicería, y de que al médico se exija que sea a la vez brujo.