—Siempre se dejan pesares... aunque no sea más que el de los sueños no realizados.

—Los sueños son humo y no valen un pesar...

—Todo lo contrario... Hay sueños deslumbradores... tan inaccesibles, por desgracia, como el Himalaya... Eso se los lleva uno consigo...

—Para perderlos por el camino.

Ambos se reían y yo me figuré, sabe Dios por qué, que la risa de Luciana era nerviosa y falsa, y cátame triste para toda la noche. ¿Estoy, pues, celoso? Ciertamente, Luciana es coqueta y le gusta agradar y ser alabada. ¿Por qué acusarla? Es bella y lo natural es que goce del éxito de su belleza. ¿Y qué me importa, puesto que su corazón es mío y estoy seguro de su rectitud y de su ternura? Lo demás es polvo que el viento disipa.

Elena al Padre Jalavieux.

Estoy asistiendo a una bonita novela que espero terminará por una boda entre Luciana Grevillois y el señor Lautrec. Es visible lo que se gustan mutuamente y no me ocurre qué podría impedirles casarse. Luciana no tiene fortuna, pero creo que él tiene bastante para dos. Lautrec había anunciado que iba a hacer un viaje de unos cuantos años, pero, de repente, ha dejado de hablar de ello, y el otro día me respondió a una pregunta que le dirigí sobre este asunto:

—Tiempo tengo. Haré ciertamente ese viaje, pero la fecha no es segura, pues depende de circunstancias ajenas a mi voluntad.

Creo que esas circunstancias ajenas a su voluntad son el consentimiento de Luciana, y lo creo más al ver que me dejó para ir a afilar los lápices a aquella linda persona, que estaba dibujando, y que los dos se pusieron a hablar en voz baja de cosas indiferentes, pero en ese tono confidencial que indicaba claramente que sólo esperaban que yo me fuese para cambiar de asunto. Lo comprendí y me marché a casa para saladar a la Marquesa de Oreve.

La señora de Grevillois, que estaba al lado de la ventana trabajando activamente en su bordado, me interpeló al pasar para reprocharme graciosamente que dejase sola a Luciana. Me previno que la Marquesa estaba de mal humor y que no había querido colocarse para su retrato, y añadió dando un suspiro: