Luciana hizo un gesto nervioso.
—Las mujeres lo vemos así—dijo.
—¿A qué ha venido, entonces, esa pregunta sobre la fecha de nuestro matrimonio?
—Un trabajo de sonda—dijo riéndose.—La pobre opinión que tengo de mí misma me hace dudar de usted, sobre todo cuando le veo ejercer sus privilegios de hermano mayor con Elena Lacante. Temo algunas veces que se engañe usted sobre sus sentimientos, como se engaña ella...
—¡Elena!...
Me pareció que una aguda punta entraba hasta lo más profundo de mi corazón.
—¡Imposible!—exclamé.—Elena no puede engañarse... Jamás una palabra mía ha podido causarle la ilusión del amor.
—Mejor para ella en ese caso—dijo Luciana con indiferencia.
He conservado una impresión penosa de esta conversación.
Me siento más estrechamente unido que nunca con Luciana. Nos hemos explicado, perdonado y reconciliado. Me ha renovado la seguridad de su amor y de su voluntad de ser mía. Debería ser dichoso y no lo soy.