—Ciertamente... y no puedo matarlo, al miserable.
Nos echamos a reír y ella me dijo cariñosamente:
—En fin, usted me ama, y esto es lo importante...
—Sí, la amo a usted, porque la creo sincera y leal... Una sola cosa podría separarme de usted; la falsedad y la mentira... Y eso no lo espero... Creo en usted como en...
Buscaba un punto de comparación, pero ella no me dio tiempo para encontrarlo.
—Gracias—dijo levantándose y estrechándome la mano.—Yo también tengo confianza, y puesto que Marignol se obstina en no morirse y en cortarnos los víveres, habrá que tener paciencia y seguir amándonos en el misterio...
—¿Por qué no hemos de aclararlo un poco?
Luciana dijo con la cabeza que no.
—Si pudiéramos fijar una fecha, aunque fuese lejana, yo sería la primera en gloriarme de su elección de usted, amigo mío... Pero piense en el ridículo de esta novia sempiterna suspirando por el casamiento... El ridículo es lo que más temo en el mundo...
—Yo no veo el ridículo...