Elena al Padre Javalieux.
24 de diciembre.
Él mal aumenta, señor cura, y todos nuestros esfuerzos son impotentes.
Hace un momento, Máximo, que no se mueve de aquí, tenía a mi padre incorporado mientras yo le daba el calmante que debe tomar cada hora.
El enfermo querido nos dio tiernamente las gracias al uno y al otro, y añadió:
—Seréis siempre amigos en recuerdo mío, ¿no es verdad?
Dí silenciosamente la mano a Máximo, que la besó y la conservó en la suya.
No podíamos hablar; las sollozos nos ahogaban.
Máximo a su hermano.
25 de diciembre.