No me detendré en las felicitaciones de las bandas de la guarnicion á las autoridades, y del sereno, alguacil, ahijados y otros que nombrarlos fuera nunca acabar, á todo el que puede darles, no dulces ni cerveza; sino, algunos realejos para celebrar los Santos Reyes, porque esto con distintos motivos y en diversos dias del año pasa en muchos otros parajes, y no merece llamarse costumbre de Puerto-Rico.
Vamos pues á cuentas, querido lector; ya tienes un artículo bueno ó malo sobre aguinaldos, uno mas que leerás tú, y uno menos que yo tengo que escribir, si le esperabas mejor, hiciste mal y te llevas buen chasco; si peor, me alegro mucho desde ahora, y sí ni lo uno ni lo otro, recíbelo tal cual es, sin ecsigir que me devane los sesos dando vueltas á un asunto acerca del que pienso lo que te dije al principio y repito ahora: los aguinaldos son de aquellas costumbres que muy poco ó nada tienen que tildar, y mucho que merece elogio.
ESCENA XIII.
A MI RESPETABLE AMIGO
El Sr. D. Francisco Vasallo,
En contestacion á una carta suya[4].
[4] Publicada en el Cancionero de Borinquen.