Despues de tomar, con toda franqueza, cada uno lo que quiso, nos pusimos á danzar junto con los jóvenes de la casa; y no lo hubimos hecho media hora, cuando fué preciso que nos despidiéramos para que subiera á ocupar nuestro lugar otra trulla, que esperaba ya nuestra salida. Así pasamos toda la noche de una á otra parte, y en todas, á poca diferencia, se repitió la misma escena; cogiéndonos el dia sin que la venida del sol nos alegrase, porque terminaba una noche de placer.

Aquellos rostros pálidos, aquellos ojos á medio cerrar y velados por anchas ojeras negras, aquellas pequeñas y entreabiertas bocas que daban paso á una respiracion semejante á la del sueño, y aquella languidez de todo el cuerpo, añadian nuevos encantos á nuestras hermosas compañeras; yo sentia un peso suave sobre mi espalda, y me parecia mas cercana y mas ardiente la Rosa, cuyo aroma iba pronto á dejar de respirar.

Tal es una trulla á caballo; son muchas las que recorren los campos, y fuera de algun raro incidente, como el que le dejen á uno el caballo desaparejado, ó el aparejo sin caballo, principian todas y concluyen del mismo modo que empezó y acabó la de que he hablado arriba, crúzanse en ellas y de sus resultas amores, zelos, pullas, chistes, riñas, amistades y cuanto se cruza en el mundo siempre que, con cualquier pretesto, se reunen muchas personas; con todo, es forzoso consignar aquí que, en general, los efectos de esta costumbre son buenos y muy buenos; sin ella y otras semejantes, nuestros campesinos no serian como son tan humana y generosamente hospitalarios.

Las trullas de á pié se componen de jente pobre, que no por eso se divierte menos; maraca en mano y tiple y carracho bajo del brazo, caminan, leguas enteras saltando barrancos, vadeando rios y trepando cerros, hasta que el sol les halla muchas veces á gran distancia de sus casas; pero esto no les importa: continuan su camino durante todo el dia y la noche de Reyes, sin regresar de su peregrinacion hasta el que sigue á este último; esto es, á los tres de haber abandonado sus Penates.

Dada la diferencia de educacion, es sabida la que puede haber entre las escenas de estas trullas y las de á caballo: varian en los modales, las espresiones, etc.; pero en la esencia lo mismo pasa en unas que en otras. Los versos, que cantan en aquellas con música variada y que son á veces buenos, en estas últimas guardan el mismo aire siempre, y se trasmiten de padres á hijos sin alteracion en las palabras. Tal es el antiguo y muy sabido estribillo.

Naranjas y limas

Limas y limones,

Mas vale la Virgen

Que todas las flores.

Los aguinaldos en la Capital estan muy lejos de tener el carácter original que los del campo: hay tambien trullas que van á algunas casas; pero son, como es fácil concebir, un remedo muy incompleto de aquellas agradables caravanas. Un determinado número de personas sale por las calles pidiendo aguinaldo; mas ¿acáso puede el eco de muchas voces reunidas producir el mismo efecto en una calle ó dentro de una habitacion, que en el campo? Unos cuantos amigos toman dulces, cerveza y otros licores, bailando despues ó antes una ó dos contradanzas en una sala en que habian sido recibidos aquel mismo y otros muchos dias; al salir se encuentran en la calle por donde van á la oficina algunos de ellos, el canto del sereno les recuerda la hora en que acostumbran irse á la cama, y si algunos pueden hablar con libertad yendo de brazo con su cuya, otros hay que rabian porque tienen que remolcar esa necesidad de nuestras reuniones, la mamá.