No puedo menos de daros el parabien por tanta dicha, y lo haria, si es posible, de mejor gana, si no hubiera llegado á entender que comenzais á olvidar, junto con ciertas preocupaciones ridículas, algunas de nuestras sencillas y buenas costumbres: me han dicho, entre varias otras cosas, que apenas os acordais del bando de S. Pedro, que tanto nos divertia, y juro por la cuesta del Guaraguao, que no hemos de tener la fiesta en paz hasta que sepa que os habeis corregido. ¿Cómo se entiende, señores reformistas, quereis que no quede rastro bueno ni malo de los usos de nuestros padres? ¿teneis acaso la vanidad de pensar que nada es bueno mas que lo que hagamos nosotros? Si os molesta el sol porque os habeis vuelto mas delicados, mudad la hora, pero no toqueis á la costumbre; si algunas palabras que antes pasaban no pueden tolerarse en el dia, porque el buen gusto se ha desarrollado, ingenios hay en la Isla que os darán cada año un bando mejor que el Código Romano, y que las Tablas de Solon.

Cuidado, señores mios, no nos suceda lo que al loco que dió en tener asco á sus propias uñas, y para impedir que crecieran queria cortarse los dedos; vayamos con tiento, no afinar tanto la guitarra que se le rompan las cuerdas, y tengamos presente que hay un adagio que dice, que no por mucho madrugar, amanece mas temprano.

Fuera de esto, aplaudo ese espíritu de regeneracion bien entendida que se desarrolla entre nosotros, quisiera poder contribuir á nuestro adelanto; pero ya que no otra cosa, admiro vuestra cordura y sensatez, y quedo vuestro paisano y afectísimo S. S.—El Gíbaro de Caguas.

ESCENA III.
REFLECSIONES SOBRE INSTRUCCION PÚBLICA.

A los padres de Familia.

Arduo es el asunto de esta escena de mi cuadro de costumbres puerto-riqueñas, y muy difícil el trazarlo de suerte que ciertas tintas no hieran demasiado la vista de algun amante de la sombra; porque esta hace grandes y á veces monstruosos los objetos que á la claridad son pequeños, y que no imponen, sino dan lástima.