El bueno del Señor cura le predicó tanto y tan al alma, que al último se decidió, é iba á comenzar el Yo pecador; pero el canto del pájaro malo le anudó la garganta y no pudo articular ni una palabra.

—Vamos, hijo, ¿porqué tardas tanto? le dijo el Sacerdote.

—Padre, ¿ha oido V. ese pájaro que acaba de cantar?

—Sí, hijo; ¿pero porqué dices eso?

—Porque ese pájaro es el diablo, que quiere llevarse mi alma.

—¡Calla desgraciado! ¿Es posible que en el momento de morir tengas esa preocupacion?

—El moribundo, vencido de nuevo por la persuasion del ministro del altar, dijo con voz clara sus culpas, y apenas absuelto murió en los brazos del confesor.

Desde entonces hay esa cruz en el paraje que ha visto su merced, y en el cual nos ha cantado esta noche el pájaro malo.

—Y bien, ¿qué tiene que ver la muerte de Gregorio Rodriguez con que sea verdad que existe ese pájaro malo?