Mucho, Señor, si no hubiera aquel mozo desafiado á este, como hizo, ofreciéndole cuatro granos de sal, no hubiera seguido siempre mal guiado por el mismo; yo al menos así lo veo.
—Y yo veo que tú eres un simple, pues no conoces que ese pájaro es uno cualquiera, y que el hombre que cumple con Dios y sus semejantes está muy seguro de que no le harán obrar mal todos los pájaros buenos y malos de la tierra.
Aquí terminó la conversacion de los viajeros, que siguieron callados su camino.
ESCENA XVIII.
A MI BUEN AMIGO
D. PABLO SAEZ.
Seguidillas.