Los bailes de garabato son, como he dicho, varios, y traen su orígen de los nacionales españoles y de los indígenas, de cuya mezcla ha resultado un conjunto que revela claramente el gusto de unos y otros; así en las cadenas y en el fandanguillo cualquiera reconoce una degeneracion de las seguidillas y del fandango; al paso que en el sonduro tambien se ve algo del zapateado, junto con mucho de aquel furioso vértigo, que parecia transformar en otros á los que pasaban dias enteros sentados sobre sus tobillos.
Además del fandanguillo, cadenas y sonduro ó matatoros hay el seis y el caballo, que completan el repertorio de los bailes de garabato. El primero es el fandango español, aunque en obsequio de la verdad tengo que confesar, que así como la contradanza ha ganado mucho, este ha perdido y no poco; los pasos son ejecutados con mucha menos soltura y gracia, los pies de los bailarines no se deslizan sobre el suelo con la suavidad que fuera de desear, sus cuerpos conservan una rigidez, que sobre parecer afectada, se aviene muy mal con el aire y tono de la música y los brazos, que tanta gracia añaden á cualesquiera posicion del cuerpo, son en algunos molestísimos apéndices que no saben donde colocar; en una palabra, el fandanguillo es una planta mal aclimatada.
Las cadenas, derivado de las seguidillas, pero no un engendro contrahecho y raquítico, sino un renuevo vigoroso y lozano, que yo comparo á una hermosa mestiza, son el baile mas animado y vistoso de cuantos pertenecen á esta clase; toman parte en él uno ó varios grupos de á cuatro parejas, las cuales hacen un número convenido de figuras hermosísimas, y ejecutadas con tal precision y soltura que nadie conoceria allí á los envarados y frios danzantes del fandanguillo; crúzanse velozmente en variadas y opuestas direcciones, enlázanse formando grupos siempre agradables, y mudan en un instante infinitas veces de lugar, viniendo siempre al mismo de donde partieron. Nada hay que pueda pintar el alegre regocijo de los campesinos como las cadenas. La música es muy animada á la par que sencilla, el canto con que la acompañan sumamente espresivo, y su letra, no puede hacerse de ella mejor elogio que el decir que son seguidillas, muchas de las cuales he oido en España; y que los gíbaros, sin saberlo, cantan á veces versos de Iglesias, y de otros no menos célebres ingenios.
El sonduro es una especie de zapateado, pero con tales arranques de entusiasmo, que no solo baila la pareja única que está en el centro de la sala, sino que hace mover á cuantos hay en ella; cruje la tablazon del piso; y aquel estrepitoso repique de pies descalzos con un dedo de suela natural, ó bien calzados con suelas llenas de clavos, se hace oir en el silencio de la noche mas lejos que los instrumentos, que por cierto no alborotan poco. Todo este ruido lo hacen un par de pies, que son los del varon, pues que la hembra no tiene en él ninguna parte; vanse relevando á medida que se cansan, y así no es estraño oir por mucho tiempo un rumor que parece imposible que lo cause un solo hombre.
El seis, aunque en rigor deben bailarle seis parejas, yo he visto muchas mas: colocánse las mujeres frente á los hombres en hilera, se cruzan varias veces, zapatean un poco en ciertos compases marcados por la música, y terminan valzando, lo mismo que en la contradanza. Despues de las cadenas, el seis es de los bailes de garabato el que mas gusta, porque no es atronador como el sonduro, ni frio como el fandanguillo y el caballo.
En este se colocan dos parejas de modo que estando la mujer frente á su compañero, tenga á la izquierda al de la otra que esta delante de él: toda la dificultad está en unos pasos muy sencillos y poco variados, y en cruzarse y cambiar de pareja sin tocarse nunca las manos; para un estraño es baile que tiene poca gracia.
Los instrumentos músicos son tambien dignos de que se hable de ellos: forman una orquesta completa una bordonúa, un tiple, un cuatro, un carracho y una maraca. La bordonúa es una gitarra de grandes dimensiones, hecha toscamente, y á veces sin mas herramienta que un cuchillo ó una daga; la madera es de varias calidades, escepto en su tapa que siempre es de yagruno, una de las mas blancas y ligeras que se conocen. El tiple es en un todo igual á esta, sino en su tamaño, que es mucho menor. El cuatro es un término medio entre los dos, y se distingue porque remata en dos ángulos su mitad cercana al brazo, á diferencia de la otra que es redonda como en la bordonúa. El carracho, güiro ó calabazo, es una calabaza larga, bien madura y seca, con surcos transversales algo profundos, sobre los cuales se hace pasar con mas ó menos fuerza un palillo de madera muy fuerte; para que el sonido sea mas intenso, tiene una abertura en la parte opuesta á la de los surcos, y se toca sosteniéndole con la mano izquierda y manejando con la derecha el palillo de que ya he hablado. La maraca es una jigüera atravesada con un palo, y que contiene en su interior una porcion de granos duros y pequeños; agitándola con la mano derecha, con la cual se tiene por el palo que la atraviesa y sirve de mango, produce un sonido con que acompañan al de los demás instrumentos.
Los bailes de garabato tienen sus reglas, que se observan con todo rigor, y que nadie que toma parte en ellos está dispensado de guardar estrictamente. Aunque, como he dicho, son propios de la gente de la clase inferior y del campo, algunas veces he visto bailar en ellos á personas muy distinguidas. Una pisada, un empujon, los zelos de un enamorado, la sonrisa de un espectador, y otras cosas semejantes dan lugar no pocas veces á que se concluyan á cuchilladas; al paso que todos cuando no hay alguno de estos motivos se complacen y obsequian mutuamente con la mayor franqueza, teniendo siempre la preferencia los forasteros sobre los del lugar en que se da el baile; en una palabra, aquellas buenas gentes guardan todas las atenciones y finura compatibles con su clase, sus hábitos y educacion.
Tales son los bailes de garabato: los de los negros de Africa y los de los criollos de Curazao no merecen incluirse bajo el título de esta escena; pues aunque se ven en Puerto-Rico, nunca se han generalizado: con todo, hago mencion de ellos porque siendo muchos, aumentan la grande variedad de danzas que un estranjero puede ver en sola una Isla, y hasta sin moverse de una poblacion.