Puede pasar un pueblo de la Isla de Puerto-rico sin espectáculos públicos de toda clase, y si fuera preciso sin alcalde, regidor ni nadie que gobernase en él; pero jamás pasaria sin un ranchon grande, cubierto de teja yagua ó paja, en cuyo centro hay un círculo de ocho á diez pasos de diámetro formado de tablas, con una gradería al rededor, hecha de lo mismo: cuando se trata de fundar una nueva poblacion no es estraño ver que aparece este edificio mucho antes que la Iglesia, y en no pocos parajes en que el número de casas de campo es crecido, estando á alguna distancia de los pueblos, se ve tambien que le hay, si bien falta una ermita ó capilla. Esta entidad que preside en todas partes, esta avanzada de la creacion de nuevas sociedades en sitios hasta entonces inhabitados, este lugar al parecer de un culto idólatra, es la Gallera. Examinarémos en esta escena su objeto é influencia moral, y de aquí la necesidad de hablar primero de los gallos, los galleros y los jugadores, como actores principales, y despues de las peleas, desafíos, etc.
El gallo, animal célebre desde la mas remota antigüedad, ídolo de algunas religiones, y de cuyo canto se valió nuestro Redentor para recordar á uno de sus discípulos su pecado, en ninguna parte es tan querido como en las Antillas; hay una clase sobre todo, llamada gallo inglés, que es el compañero inseparable del gíbaro.
Antes de salir del cascaron, ya se ha cuidado de legitimar su orígen, poniendo á la madre en la imposibilidad de ser infiel: un platanal, un bosque ú otro sitio apartado, es el teatro de los dichosos amores del sultan, que despues de haber muerto en el combate á su terrible adversario, viene cubierto de honrosas cicatrices á reinar en medio de sus favoritas. De allí es trasladada la clueca, y su nido se coloca en la casa en el sitio mas á propósito, cúidasela con mucho esmero, y el dia en que sale rodeada de sus polluelos es un dia de gozo para la familia. Empiezan entonces las discusiones sobre el secso, color y demás cualidades; los amigos y conocidos averiguan los grados de parentesco que tienen los recien nacidos con los gallos de mas nombre de todos los pueblos cercanos, recorriendo las líneas colaterales, con mas afan, que un hidalgo pobre que desea acercarse á un título de Castilla.
Hechas de este modo las debidas averiguaciones, conserva el dueño en su mente la ejecutoria, y los pollos van creciendo hasta dejar la madre; entonces es el momento de separarlos dejando las hembras en casa y poniendo los machos en otro sitio, lo cual no es de tan poca importancia como pudiera parecer; los gíbaros saben muy bien que un terreno en que los animalitos puedan escarbar, fortalece mucho sus patas y su pico; así como el criarse en el bosque les hace mas vigorosos en el vuelo; circunstancias no despreciables, puesto que de ellas depende mas adelante la probabilidad de la victoria.
Es tambien de notar el cuidado que tiene todo criador inteligente en impedir que se mezcle con los pollos, cuando son ya crecidos, alguna gallina; porque reñirian hasta matarse; y si por una casualidad no sucediera así, perderian mucha pujanza, siendo mas débiles en el combate; cada dia les muda la comida y el agua, cuando no la hay en el criadero, y se asegura muy á menudo del estado de la salud de los futuros gladiadores.
Estos cuidados duran año y medio ó dos, hasta que entran en la escuela práctica, bajo la direccion del gallero; este es un hombre blanco, negro, ó mulato, gordo ó flaco, alto ó pequeño, por lo regular de alguna edad, que es capaz, por su mucho conocimiento en la materia y por su acrisolada paciencia, de instruir á un gallo, sacando todo el partido posible de las disposiciones que presenta, desconocidas á los profanos en el arte; mas que para él son el objeto de un estudio continuo. Debe además ser vir probus en toda la estension de la palabra, pues á su rectitud se fian grandes sumas, como verémos despues.
Hacerse cargo de la completa filiacion de su pupilo es la primera diligencia del gallero, que en dos minutos sabe si aquel es rubio, giro, pinto, cenizo, canaguey, gallina, ala de mosca, jabao, blanco, ó negro, si es pava, roson ó guineo; si es pati-negro, pati-amarillo ó pati-blanco si es cinqueño, bajo ó alto de espuelas, si tiene la canilla larga ó corta, si es largo ó ancho de cuerpo, si aletea con fuerza, si tiene la pluma madura, etc. no olvidándose nunca de oirlo cantar, para conocerlo despues por la madrugada; y es tal la habilidad de aquellos hombres, que entre centenares de gallos que cuidan y acondicionan, conocen á cada uno por el canto, sin que se engañen jamás.
Desde este dia, hasta aquel en que está en disposicion de jugarse, pasa el gallo por una serie de pruebas y ejercicios continuos, sujeto siempre á un régimen severo, todo lo cual reunido forma lo que se llama darle condicion; ó, lo que es lo mismo, ponerle en disposicion de reñir con las mayores ventajas posibles de su parte. Córtale el gallero la cresta y las barbas, le pela con unas tijeras el pescuezo y la parte posterior del cuerpo, le recorta la cola á unos cuatro traveses de dedo de la rabadilla, y lo mismo hace con la punta de las plumas del ala; le pone una cabulla por sobre la espuela para que no pueda soltarse, ni le oprima la pata; teniendo cuidado de mudarla de una á otra, y le coloca en el lugar que debe ocupar en una casa grande, alquilada espresamente, y que toda está llena de gallos atados, de modo que no puedan alcanzarse, á un clavo fijo en las tablas del piso, ó encerrados en jaulas grandes de madera, con su division para cada uno.
Al salir el sol los sacan al corral ó frente de la casa, atando á cada uno en su estaca clavada en tierra, para que puedan escarbar; antes de esto los rosian con buches de agua y aguardiente, y los tienen allí hasta las diez ó las once de la mañana. Por la tarde vuelven á sacarlos, y al ponerse el sol les dan el maíz y el agua graduados segun su peso, y el resultado de la última prueba.
Estas pruebas son las botas y los coleos; las primeras consisten en echar á reñir dos gallos de igual peso, con las espuelas embotadas, ó envueltas en trapo ó papel de estraza, de suerte que no puedan dañarse: el gallero observa atentamente á cada uno, si pelea alto ó bajo, si pica á la cabeza, al pescuezo al buche, á la cabeza del ala ó debajo de ella, si es de carrera, si juega la cabeza, si pelea de afuera ó apechuga, si engrilla ó voltea, etc.; y segun lo que nota, coge á uno de ellos en la mano y le maneja delante del otro con tal habilidad, que, siguiendo este sus movimientos, se acostumbra á pelear, corrigiendo sus defectos. Esto es lo que se llama coleo. Si el gallo se cansa en estos ensayos por esceso de gordura, se le rebaja la racion diaria, y si está débil, se le aumenta; habiendo tal variedad, que unos pelean mejor estando gordos, y otros estando flacos; de lo cual resulta su division en gallos á la vista, y gallos de saco.