Pica gayo y engriya jiro,
Mueide al ala renegao,
Juy que puñalon de baca, etc.
que se repiten á cada nuevo encuentro.
Cuando los combatientes dejan por un momento de lidiar se da un careo, los cogen los coleadores, los limpian chupando la sangre de todo el pescuezo, examinan sus miembros; y con estos cuidados les vuelven á veces la vista y los reaniman para volver á la reyerta. Un número determinado de careos sin que ninguno de los combatientes embista al otro entabla la pelea.
Con lo dicho se tendrá una idea del objeto de la gallera; pero no seria muy completa, sin añadir algo que venga á confirmarlo establecido al comenzar este artículo: bastará decir, que muy raro es el gíbaro que no cria gallos de buena casta, que muchos pasan todo el domingo en la gallera, y que algunos vuelven á su casa por la noche, sin llevar la carne que habian ido á comprar al pueblo para toda la semana siguiente, porque les tentó algun pati-amarillo ó coli-blanco; mas ¿á qué detenernos en otras cosas, cuando una simple relacion de un desafío basta y sobra á nuestro propósito?
Los desafíos, que no son mas que la reunion en un pueblo de los gallos mas famosos de muchos de los circunvecinos, se anuncian con grande anticipacion, y se verifican en dias señalados. Algunos antes empiezan á llegar los campeones, conducidos con grandísimo cuidado: un hombre lleva una vara al hombro, y de ella penden cuatro, seis ú ocho gallos, en su saco cada uno; así son trasladados hasta á ocho y diez leguas de distancia. Llega por fin el dia deseado: toda la poblacion se inunda de gente, una gran parte de la cual no tiene otro objeto que ver jugar un gallo conocido, y para esto ha hecho á pie muchas horas de camino. En la pelea se sigue las mismas reglas que en los casos ordinarios, con la única diferencia que se atraviesan mayores cantidades, y que el concurso es mucho mas numeroso.
Hemos llegado al punto en que el lector aguarda que le diga mi modo de pensar acerca de la gallera: yo reconozco la oportunidad de su deseo; pero no puedo complacerle cual quisiera, porque es cuestion mas difícil de resolver de lo que al pronto parece. En efecto; ¿qué puede contestarse á la pregunta de si el juego de gallos es útil ó no? Dirémos, que como causa de la comunicacion de unos pueblos con otros, como medio de que circule el dinero, y como mero pasatiempo en los dias festivos, no hay duda que lo es; mas como ocupacion, como camino que puede conducir á otros vicios, y como ocasion de perder el dinero destinado al sustento de una familia, es altamente perjudicial. El tiempo resolverá el problema, y yo me atrevo á esperar que cuando haya otras diversiones públicas y á medida que adelantemos, se irá perdiendo esta costumbre hasta desaparecer completamente.