En el año 1844 apareció el Album Puerto-riqueño, obrita cuyo fin y orígen es inútil recordar, y en ella vieron la luz pública las primeras composiciones de Vidarte, que habian sido recibidas con agrado en una reunion literaria, formada por varios jóvenes algunos meses antes. En todas las producciones de esta época se revela el genio del autor; pero estraviado por la lectura de algunos de nuestros poetas modernos, siguiendo un camino árido y que no era el suyo, sin fe y sin creencias, imitando á otros, que á su vez eran imitadores; en una palabra, queriendo parecer vieja y gastada una alma vírgen y llena de esperanzas: y ¿como podia ser de otra suerte? una imaginacion ardiente y en la hermosa primavera de la vida, ¿no habia de estar en oposicion consigo misma al pintar la duda terrible que no podia comprender, y al hacer gala de un escepticismo que nunca abriga un corazon de quince años?

De aquí nace la monotonía, la falta de unidad y el amaneramiento de la mayor parte de las composiciones á que nos referimos. Cuando el poeta es ingenuo, cuando el poeta es jóven, sus versos son fáciles, las imágenes vivas y el lector goza en su contemplacion; pero cuando el poeta quiere aparecer viejo, calla el sentimiento para que ocupe su lugar una razon débil y versátil, ó una reminiscencia siempre fria y amanerada. En la composicion titulada La vida, despues de pintar la juventud con la siguiente octava:

Es el alma entonces vírgen

dulce asilo de ilusiones,

ajena de las pasiones

que estravian nuestro ser;

y comienza nuestra vida

á descubrir sus primores,

cual en un jardin las flores

al tiempo de amanecer,