mientras tú vayas jugando
del agua con el cristal.
Ven, palomita, y marchemos
de otro nido á disfrutar,
no tengas miedo del mar:
Tú eres sirena de amor,
y el mar ama las sirenas.
No sabemos que admirar mas, si la sencillez, pureza y verdad del primero, ó la esquisita finura que cubre el sensualismo que encierran los dos primeros versos del segundo.
Como modelo de facilidad y armonía, no podemos dejar de hacer mencion de los que siguen de la segunda parte, y del principio de la tercera.