Dos años empleados en incesantes estudios, en largas meditaciones, en discusiones amistosas, en una sociedad formada sin otro objeto que la instruccion mutua, debieron por fuerza dar otra direccion á las ideas de un jóven en que todos admiraban el genio, el sano juicio y una dulzura de carácter, que sola ella hubiera bastado á hacer su trato apetecido y siempre agradable. Los triunfos alcanzados en su carrera, y que lejos de procurarle envidiosos émulos, aumentaban por su modestia el número de sus admiradores, hicieron que viese en el hombre, no un mortal y encubierto enemigo, sino un hermano que alguna vez no lo parece por causas que no emanan de él. La luz de una Religion divina, que enseña al hombre á amar al hombre, completó el triunfo de la razon, y el genio rompió la cadena de dudas que le ahogaba con su peso, manifestándose bello, puro y confiado en su grandeza.

Algunas penas, de aquellas que no lo son para las almas vulgares, vinieron á turbar el alma inocente del poeta: sin la Religion y el estudio hubiera renacido con creces su antiguo escepticismo; pero fortalecido su ánimo con estos dos ausilios poderosos, combatió con fé en el porvenir, y solo se conoce esta lucha en la dulce tinta melancólica que vemos esparcida en sus producciones. Pasemos á analizar estas.

La primera que aparece en la coleccion es el Insomnio, y nosotros quisiéramos trasladarla íntegra, porque estamos seguros de que ella diria mas al corazon del lector que nuestros pobres elogios. Al comenzar la poesía, espresa el Autor la confusion, pesadez y ansiedad que preceden al ensueño; luego las imágenes son mas claras, ve á su amada, la invita á partir con él á un país delicioso y una barca les conduce durante la noche; á la primera luz de la aurora despiértala impaciente anunciándola la prócsima salida del sol y cuenta las bellezas de una tierra que verán con su luz; aparece el astro luminoso, y á medida que se acercan va mostrándole los encantos de aquel suelo de promision: ya estan cerca, mas cerca aun, vense las montañas, los prados, los jardines, los pueblos, los castillos y.... «¡Poder de Dios, si estoy soñando!» esclama el poeta cuando el colmo del placer que siente al pisar de nuevo el suelo de su patria, le arrebata un sueño tan seductor.

La unidad perfectamente sostenida con formas siempre nuevas y variadas, la profundidad, delicadeza y verdad en los pensamientos, la pureza en el lenguaje, en una palabra, el mas esquisito gusto campea en toda la composicion; de suerte que citarémos algunos trozos de ella, no como mejores, sino como muestra de la belleza del todo: tales son los que siguen de la primera parte.

Mira, del céfiro en alas

volará nuestra barquilla,

dividiendo con su quilla

las olas del vasto mar;

y unidos en tierno abrazo

yo iré mil trovas cantando,