me consagra una sonrisa,

dulce y pura cual la brisa

que mece blanda las flores!

Dulcísimos y puros son los anteriores versos, y muy dulce y puro el amor que retratan: compárese esta composicion con las demás en que el poeta llora desengaños que no ha sufrido ¿pero qué mas? él mismo manifiesta cuanto le abrumaba lo que con razon llama soñar, cuando, dirigiéndose á su caro amigo Don Pablo Saez, dice:

Cantemos, cantor, cantemos

las ilusiones que vimos.

No mas ¡vive Dios! soñemos;

ya es tiempo que despertemos

del letargo en que dormimos.

Dos años despues dió una prueba de haber despertado al insertar en el Canc. de Borinq. las seis hermosas composiciones tituladas: Insomnio, La nube, Dolora, Ante una cruz, Las dos flores, y Memorias. Estas pertenecen á la segunda época, y son otras tantas guirnaldas que forman la corona inmortal de nuestro vate. Las ecsaminarémos en particular, sujetándonos á los estrechos límites que marca el carácter de esta obra; pero antes permítanos el lector cuatro palabras que puedan guiarnos en nuestro juicio, y que espliquen la grande diferencia que hay entre esta y la primera época del autor.