—Nosotros no tenemos médico director: son muchos los que nos dirigen; pero ninguno es médico ni loco, que si lo fueran, cuidarian mas de nosotros.
—¡Esto es imposible! ¿á mediados del siglo diez y nueve existe una casa de enfermos de vuestra clase sin estar dirigida por un profesor celoso, que dedique toda su vida á mejorar la triste condicion de los que han de ir á ella por necesidad?
—Aunque muchas veces me han dicho que soy loco, esto es una mentira y prueba de ser cierto lo que digo es que en los años que llevo de encierro, todavía no me he vuelto furioso; verdad es que, como soy pacífico, salgo de cuando en cuando á la calle, unas veces con el comprador, y otras burlando la vigilancia de los cancerberos. Habia estudiado antes de que me encerraran como loco el medio de mejorar las casas de beneficencia; porque, como soy el Arzobispo de Toledo, queria promover en España una reforma digna de la época; y aquí tiene V. el porque sufro con resignacion y dignidad el mal trato que recibo; sintiéndolo solamente por mis desgraciados compañeros.
Estuvimos algunos momentos admirando la cordura de aquel loco, al cabo de los cuales, como si contestara á algun pensamiento que le ocupaba, dijo Pinel:
—No, no, ni en el infierno quiero que se trate á ningun infeliz de semejante modo.
Aquí empezaron todos á manifestar impaciencia, el uno empujaba al otro, y todos hablaban, de suerte que no era posible oir á ninguno; por último, una mirada y la actitud noble que tomó el anciano levantándose de la silla les hizo; callar y aprovechando aquella pausa, gritó uno.
—Señor, yo soy de Puerto-rico, y siquiera por deferencia al mi paisano el amo de la casa, se me debe permitir que hable.
—Que hable, que hable, repitieron en coro unos cuantos que tenian la manía de querer ser diputados.
—Orden, señores órden, respeto á la presidencia: dijo con voz de trueno un improvisado presidente. El diputado por Puerto-rico tiene la palabra. Suba el orador á la tribuna. Y sin decir mas lo agarró por la cintura y lo puso de pies sobre mi mesa.