Las procesiones de penitencia á la Cruz del Campo, nota gráfica de la España de los siglos XVI y XVII, merecían ser descritas muy al pormenor, ya que el pincel de un artista lo trasladó al lienzo en un curioso é interesante cuadro que conservaba en su palacio de San Telmo el duque de Montpensier.
LAS PRESAS DE LA INQUISICIÓN
La actividad desplegada por el tribunal de la Fe, en Sevilla, en el siglo XVI, excede á cuanto pueda decirse, siendo continuas las prisiones, los tormentos y los autos, en los que casi á diario salían innumerables víctimas acusadas de herejía luterana, de molinistas, de judaizantes, de hechiceros, iluminados, etc. etc.
Las cárceles del castillo de Triana estaban repletas de infelices presos que aguardaban la muerte más ó menos próxima, siendo muchas también las mujeres que allí gemían en los lóbregos calabozos, y las cuales, sin consideración alguna y contra todo sentimiento de humanidad, eran tratadas cruelmente por los negros carceleros.
De la situación de aquellas desgraciadas, muchas de las cuales tenían consigo á sus hijos, de cierta edad y de pecho algunos, da idea un curiosísimo documento inédito hasta ahora, prueba irrecusable de lo que era el tribunal de la fe.
Este documento, que lleva la fecha de 1569, es un dato, prueba de las piadosas costumbres de entonces; es con toda su sencillez un grito de dolor de aquellas desventuradas mujeres, á las que no sólo se privaba de libertad, sino de alimento y de lo más necesario para la vida.
El escrito va dirigido al Cabildo de la ciudad y dice así:
«Ilustrísimo señor: Las que estamos en penitencia, presas en esta cárcel perpetua del Santo Oficio de la Inquisición, besamos las manos de vuestra señoría ilustrísima, y á ella humildemente suplicamos; diciendo que nosotras somos pobres mujeres y padecemos muchas necesidades, y por ser nuestra miseria y pobreza tanta, no podemos mercar trigo, si no es en el Pósito, para sustentarnos. Suplicamos por amor de Dios Nuestro Señor, nos mande vuestra señoría dar dicho trigo del Pósito, con nuestro dinero, y de esta manera podremos sustentar nuestras vidas y hijos, y para esto al real oficio y á la clemencia de vuestra señoría ilustrísima imploramos para que se nos haga esta merced y limosna.—Las mujeres presas y reclusas en esta cárcel perpetua en penitencia.»—(Archivo Municipal, Escribanías de Cabildo).
Tristes reflexiones se desprenden de la lectura de este documento, al cual cuantos comentarios pudieran hacerse resultarían pálidos.
Algunas de aquellas infelices mujeres fueron ejecutadas poco días después, en 1573, donde salieron en auto público 70 penitenciadas en el mes de Enero y en 25 de Noviembre 60 reconciliadas, y siendo 20 quemadas.