EJECUCIONES
Durante los siglos XVI y XVII la pena de muerte en Sevilla se practicaba con tanta frecuencia que como dice muy bien don Aureliano Fernández Guerra, apenas había semana en que no se llevasen á cabo una ó más ejecuciones.
El pueblo acudía á presenciar estos actos con gran alboroto y como cosa corriente era el salir á ver los ahorcados, cuyos restos eran luego llevados á la mesa del rey en Tablada, y á fin de año sus huesos se enterraban con cierta solemnidad en el templo de San Miguel.
Las memorias sevillanas y las notas recogidas por diligentes curiosos, consignan entre las muchas ejecuciones algunas que por la calidad de los reos, los delitos que cometieron y otras diversas circunstancias salieron de lo corriente y llamaron poderosamente la atención.
Tal ocurre con algunos que voy á recordar y que bien merece recogerse en estos apuntes sevillanos.
Cuatro frailes ahorcados no es caso que suele darse con frecuencia; por esto merece citarse la fecha del 26 de Julio de 1536, en que el pueblo hispalense presenció tal suceso.
Fray Alonso de Badajoz, prior del convento de San Agustín; fray Andrés de la Cruz, fray Rodrigo de Rocha, prior de Córdoba, y fray José Piloto, doctor en teología, reuniéronse en el día 22 de Julio de 1536, y se dirigieron en busca del Provincial de la orden agustina, fray Juan de las Casas.
Habían los cuatro religiosos fraguado un terrible plan contra el citado Provincial, y, sorprendiéndolo en una de las celdas del citado convento, le dieron muerte, sin que se pusiera en claro, apesar de las diversas opiniones, el motivo del crimen.
Huyeron los autores de él, procurando ocultarse; mas descubiertos y presos en la misma Sevilla, se les degradó públicamente y fueron después colgados de la horca de Buenavista, ante inmensa muchedumbre.
Los cuatro frailes criminales fueron recogidos luego por los agustinos, que depositaron sus cadáveres en las bóvedas de una capilla de la iglesia, conservándose el enterramiento hasta los últimos tiempos en que el templo estuvo abierto al público.