El año cuarto del siglo actual se hicieron algunas mejoras en la Cárcel; mas á pesar de ellas su estado era sumamente peligroso y amenazaba de continuo una catástrofe.

Desde la invasión francesa el edificio empeoró bastante, y por el 1830 la prisión se hallaba sin agua, los encierros sin ventilación, las rejas casi destrozadas, y las lluvias que con frecuencia se filtraban por los techos hacían más horrible y angustiosa la situación de los desgraciados que estaban allí enterrados en vida.

Durante cerca de cinco siglos que permaneció en pie la Cárcel Real ¡cuántos infelices no perderían allí la existencia! ¡cuántos delitos no se cometerían dentro de aquellos muros! ¡cuántos inocentes no pagarían allí culpas ajenas!...

Por la puerta del edificio que daba á la plaza de San Francisco salían las víctimas que eran inmoladas en los autos de fe, y por la de la calle Sierpes entraban confundidos, más de una vez, los criminales más feroces y los inocentes á quienes se condenaba por el menor motivo.

El Municipio adquirió en 1836 el exconvento del Pópulo, y allí se trasladaron los presos el día 3 de Julio del año siguiente, comenzando poco después el derribo de la Cárcel Real, á la que nos ha parecido oportuno dedicar un recuerdo en estos apuntes.

XV
LA SUSONA

«...pero la hebrea, insensible á los homenajes de sus adoradores y á los consejos de su padre, se mantenía encerrada en un silencio profundo.»

BÉCQUER.

El barrio de Santa Cruz es sin duda el que menos alteraciones ha sufrido en el trascurso de los tiempos, y hoy en día, que tan variada se encuentra Sevilla, el que transita por las callejuelas estrechas, tortuosas y desiguales de dicho barrio se cree trasportado á otros siglos bien distantes del presente y á épocas que se fueron para no volver nunca.

Hay en Santa Cruz una travesía lóbrega y de miserable aspecto, llamada en lo antiguo calle del Atahud, de la que nos ocuparemos en estas líneas al relatar una historia cuyos pormenores y detalles ha conservado hasta nosotros la tradición.