En Sevilla permaneció Colón desde el mes de Junio hasta fines de Agosto del 1493, organizando la escuadra para el segundo viaje, que partió de la bahía gaditana el 5 de Setiembre, y que estaba compuesta de catorce carabelas y tres carracas, siendo tantos los que acudieron á Sevilla para embarcarse, que muchos quedaron en tierra sin poder formar parte de la expedición.
Entre los que marcharon con el Almirante figuraban Ojeda y Juan de la Cosa, Margarite, Aguado, Díaz de Pisa, Boil, y el docto cuanto modesto fray Antonio de Marchena, amigo inseparable del descubridor del Nuevo Mundo.
La capital de Andalucía volvió á ver á Colón á fines del año 1499, pero en situación bien lamentable por cierto; acababa de desembarcar en Cádiz cargado de cadenas por órden del iracundo Bobadilla y se dirigía á Granada, donde los Reyes le recibieron, no con tanta satisfacción como en Barcelona, pero sí compadecidos de su triste suerte.
Hiciéronse también en Sevilla los preparativos para el cuarto viaje en el otoño del 1501; costando gran trabajo equipar la flota, que al fin estuvo dispuesta y salió de Cádiz el 13 de Enero del año siguiente.
Presentóse por última vez el Almirante en nuestra ciudad en Noviembre de 1504, después de su larga y penosa expedición, enfermo, achacoso y con el corazón oprimido y apenada el alma por las ingratitudes de que á cada paso era víctima.
En Sevilla pasó todo el invierno escribiendo cartas al Rey para que le prestase auxilios, de los que estaba tan necesitado, sin recibir del Monarca providencia alguna; y en la primavera siguiente marchó á Segovia, donde á la sazón se hallaba la Corte, que miró con desdén á Colón, quien, pasando luego á Valladolid, murió abandonado y solo el 20 de Mayo de 1506, á la edad de sesenta años y á los dieciséis de haber llevado á cabo su prodigioso descubrimiento.
XIX
EL HORNO DE LAS BRUJAS
«Son sin duda espíritus vaporosos que engendra la tierra, como los produce también el agua. ¿Por dónde habrán desaparecido?»
SHAKESPEARE.
La calle que hoy tiene el nombre del eximio poeta y sabio genealogista D. Gonzalo Argote de Molina era en lo antiguo una de las calles más irregulares de la población, en la que existieron, entre algunos buenos edificios, varias casuchas que servían de guarida á gente de fama nada envidiable y de costumbres no muy dignas de imitarse.