Probado está por los eruditos é historiadores que el gran descubridor llegó á España á principios del año 1484, siendo nuestra ciudad uno de los primeros puntos que visitó antes de celebrar su famosa entrevista con el Prior de la Rábida, puesto que ésta se verificó en los últimos días de Agosto de 1491.

Buscó Colón en Sevilla apoyo para el proyecto que iba á presentar á los Reyes Católicos, y no tardó en encontrar favorable acogida entre varios sevillanos de alta posición, y entre los muchos mercaderes italianos que aquí desde largo tiempo había establecidos.

Vivía por entonces en la ciudad andaluza un florentino llamado Juan Berardi, dueño de una importante casa de comercio, que trabó en poco tiempo estrecha amistad con Cristóbal Colón, llegando á ser su «amigo y confidente», según palabras del sabio Navarrete en el tomo tercero de la Colección de documentos inéditos.

Estaba Berardi muy bien relacionado con personas de influencia y prestigio, y al oir de los labios de Colón el grandioso pensamiento, explicado con aquella fe y entusiasmo propios de su genio, tomó cariño á tan elevada idea y trató de poner á su compatriota en relaciones con algunos personajes de importancia y valimiento que entonces residían en Sevilla, «predilecta mansión—como dice Rodríguez Pinilla—de los más grandes magnates de la nobleza y de la Corte.»

Presentóse el genovés al poderoso Duque de Medina-Sidonia, quien, después de escucharle, le ofreció su valioso apoyo, cosa que no llegó á cumplir en manera alguna, pues parece que un sacerdote, que en la casa ducal gozaba de mucha consideración, persuadió al dueño á que dejase de prestar oídos á pensamiento tan loco y fuera de razón como lo era aquel del navegante aventurero.

Decidióse Juan Berardi por hacer cuanto le fuese posible en beneficio de su compatriota, con Scandiano Oliveri y otros florentinos que se encontraban en Sevilla, los cuales recomendaron á Colón á don Luis de la Cerda, primer duque de Medinaceli, uno de los mayores potentados de la nobleza de Castilla, que sostenía una escuadrilla en el Mediterráneo y el Atlántico.

Entusiasmóse Medinaceli con el atrevido proyecto, y mantuvo á Colón en su casa largo tiempo, como asegura el mismo Duque en la carta que en 1493 envió al Cardenal Mendoza. Además quiso llevar á cabo la gigantesca empresa, y ofreció al genovés cuatro carabelas, para que en ellas saliese del Puerto de Santa María á buscar el camino de las Indias.

Pero, según escribe el padre Las Casas, enterada la reina Isabel de los propósitos del Duque por Alonso de Quintanilla, dirigió una importante carta ordenando «que cesase el negocio, porque quería ella misma seguirlo á sus expensas.»

Había hecho Colón presente á Medinaceli que iba á dirigirse á Francia, esperando encontrar favorable acogida en la Corte de Luis XI; pero á tanto llegaron las buenas promesas del Duque, que lo hizo desistir del viaje, enviándolo á Córdoba, en cuyo punto, y por mediación de Quintanilla y Mendoza, celebró la primera entrevista con los Monarcas en el mes de Enero del año 1486.

Partió el genovés de Sevilla, y no volvió á esta ciudad hasta después del descubrimiento, siendo recibido con grandes muestras de consideración y aprecio por todos en general, y muy particularmente por aquellos que fueron sus amigos cuando pobre y sin recursos llegó de Portugal.