Ante el milagro, la anciana abandonó sus brevajes, sus filtros y sus brujerías, haciéndose ferviente devota, y el mozo tomó la buena senda, llegando á ser con el tiempo prior de un convento de franciscanos en Granada.

Esta es la tradición que dió origen á que la calle que tiene hoy el nombre ilustre de Argote de Molina se llamase durante muchísimos años calle del Horno de las brujas; si bien no me es desconocido el origen que otros autores le atribuyen con buenas pruebas, asegurando que allí vivieron dos hermanas que tenían un horno donde fabricaban tortas al estilo del pueblo de Brujas.

XX
LA INQUISICIÓN

«Y pudo ya mi vista descubrir más claramente la profundidad donde la inefable justicia ministra de Dios Supremo castiga á los falsificadores.»

DANTE.

Cuando el pontífice Sixto IV, á petición de los reyes Católicos D. Fernando y D.ª Isabel, instituyó la Inquisición para combatir los herejes en los reinos de España, no tardó Sevilla en tener su Tribunal de la Fe, como una de las ciudades más importantes de la Península.

En tiempos de D. Fernando III construyóse un castillo donde hoy se encuentra la plaza de Abastos de Triana, y en este edificio se estableció en 1481 el Tribunal de la Inquisición, llevando á cabo en él no pocas reformas para el objeto á que se destinaba.

Entonces se le hicieron multitud de calabozos, salas de tormentos con todos los útiles necesarios, capilla, salón de consejo y cuantas dependencias eran ocupadas por los familiares, carceleros y demás individuos que se dedicaban á la persecución de los impíos, asalariados por los inquisidores.

El aspecto que ofrecía el castillo, según se ve en antiguas estampas, no podía ser más tétrico; sus altos muros, de negruzca piedra, eran lisos y sin adorno alguno; sus cinco torres almenadas presentaban pequeñas ventanas, cubiertas de espesos hierros; su puerta principal era sólida y severa en demasía, y sobre ella se colocó una lápida en conmemoración del establecimiento del Tribunal.

Los inquisidores, que entonces se hallaban en todo el apogeo de su fuerza, no debieron perder el tiempo en bagatelas; pues consta por una inscripción hecha por los mismos que desde el citado año de 1481, hasta fines del 1524, quemaron en la hoguera á mil herejes y convirtieron á veinte mil.