Cuantos trabajos se han hecho á fin de reconocer aquellos lugares han dado escaso resultado; pues, sobre ser sumamente difícil penetrar en ellos, apenas si se puede permanecer allí por la atmósfera que se respira, por el frío, y por la infinidad de murciélagos que, al decir de un autor, vagan entre las oscuridades.

Según la opinión más recibida los tales subterráneos fueron descubiertos casualmente, estando practicándose unas obras en la casa del canónigo D. Juan de Falce en el año 1298; y aunque se ignora el en que se construyeran, se cree que los árabes los utilizaban para establecer la Escuela de mágia diabólica.

Desde tan remota fecha son conocidos aquellos antros, y el vulgo, siempre crédulo é inclinado á aumentar y dar tinte fantástico á las cosas, ha fraguado multitud de cuentos y leyendas sobre ellos.

Entre los muchos que suelen contarse ha llegado á nuestra noticia un suceso que, por tener algo de verdad en su fondo y ser poco conocido, lo creemos digno de figurar entre esta colección de apuntes.

En las habitaciones bajas de algunos edificios de calle Abades existen todavía unas pequeñas puertas (hoy tapiadas) que conducen por estrechas escalerillas á los misteriosos subterráneos, mirados siempre con miedo por las personas ignorantes y supersticiosas.

Cierta casa que tenía su puerta y escalerilla en el rincón de una galería que daba al patio era habitada hacia los años de 1695 por un caballero burgalés, hombre rico, soltero y de buena presencia, que vivía con las mayores comodidades y servido por un solo criado, viejo y no muy avisado.

Este señor contaba con muy buenas relaciones en Sevilla, y, libre como era, gustaba de correr aventuras galantes, cuidando sin embargo de no dar ejemplo escandaloso ni lugar á que su nombre sirviese de pasto como el de otros á las hablillas y murmuraciones de los ociosos desocupados.

Solía recogerse tarde á su domicilio nuestro caballero burgalés, y, provisto de una llave, abría la puerta y penetraba en sus habitaciones, donde no tardaba en rendirse al sueño.

Una tranquila y calurosa noche de estío hubo de recogerse más temprano que de costumbre, y como por ser verano su dormitorio estaba en una sala baja próxima al patio, para llegar á él tuvo que pasar muy cerca de la puerta que al subterráneo daba, y que creyó verla sin alteración alguna.

Entróse luego el caballero en su lecho y quedó profundamente dormido, pensando quizá en sus pasadas aventuras ó en las que tenía proyectadas, y no bien había trascurrido media hora, cuando un ruido singular y extraño le hizo volver á la realidad y abrir los ojos.