Escuchó con atención, y entonces oyó claramente rumores intensos bajo el piso de su habitación y algunos golpes secos, desiguales y prolongados.
No era el burgalés hombre que se amedrentaba con niñerías; y ya iba á saltar del lecho para coger su espada, cuando por una ventana de la habitación, que se encontraba abierta, vió, merced á la luz de la luna, pasar una sombra, á la que siguieron otras y otras, que le parecieron de gigantesca altura y raro porte.
Pruebas suficientes había dado el caballero durante su vida de no ser cobarde; pero la aparición de aquellas sombras turbó su espíritu, quitóle toda energía y le hizo temblar de pavor.
Quiso bajar de la cama y no pudo, quiso gritar y la voz se ahogó en su garganta; subiendo de punto el terror al notar que los fantasmas entraban en el dormitorio y se agrupaban en un rincón murmurando algunas palabras ininteligibles.
Así pasaron algunos momentos, momentos terribles de agitación y zozobra para el rico caballero, que se creía cercado de asesinos ó de almas de otro mundo que venían á llevarlo sabe Dios á dónde.
El caballero hizo un esfuerzo supremo para dominar su espanto, y con voz que procuró serenar dijo:—¿Quién sois? ¿qué queréis?
Pero no bien había pronunciado estas palabras, las sombras salieron precipitadas de la habitación y caminaron hacia el patio, produciendo un ruido sordo y desigual.
Rápido salió el burgalés de su estancia tras los fantasmas, que creyó ver saltando por el patio y dirigirse luego hacia la galería donde la puertecilla del misterioso subterráneo estaba. Persiguiólos el caballero, ¡y cuál no sería su sorpresa al notar que el subterráneo estaba iluminado por dentro con una luz roja é intensa!...
El burgalés, presa de un terror profundo, no pudo seguir adelante, y cayó en tierra sin sentido y aterrado...
Allí lo encontró por la mañana el viejo criado que le servía, y súpose más tarde el origen de aquellas apariciones que turbaron su tranquilo sueño, y que no era otro que el siguiente, bien prosáico á la verdad: el subterráneo de la casa se comunicaba con un edificio próximo, y varios habitantes de él decidieron una noche llevar á cabo una excursión por las misteriosas bóvedas, viniendo á salir sin darse cuenta á la casa del caballero, dando lugar á la escena que acabamos de narrar.