XXXI
LA CASA DE LOS ALCÁZARES

«Las cosas que hizo este ilustre varón viven por mi diligencia; porque siempre que le visitaba escribía algo de lo que tenía guardado en el tesoro de su prodigiosa memoria.»

F. Pacheco.

Con el nombre de Alcázares existe una calle en Sevilla, llamada en lo antiguo Ancha de San Pedro, la cual es en su mayor parte recta, alegre y con buenos y cómodos edificios.

En esta calle existe una casa que nada de particular ofrece en su fachada, pero que es hermosa en su interior, y en ella nació en 1531 y vivió largos años el insigne poeta Baltasar de Alcázar.

La mencionada finca, ocupada hoy por la benéfica asociación de Hermanas de los pobres, perteneció desde el siglo XIV á la noble familia de Arias de Saavedra, siendo adquirida mucho tiempo después por el hidalgo D. Francisco Alcázar, que en unión de su esposa D.ª Leonor de Prado fundó un mayorazgo, que vino á disfrutar más tarde su hijo segundo D. Baltasar, gloria de las letras sevillanas.

El edificio pasó en 1790 á la propiedad del Marqués de Camponuevo, y á la muerte de éste al convento de Santa Teresa, siendo adquirido hacia la mitad del presente siglo por los señores Marqueses de San Gil.

Á pesar de las obras que en el interior de aquel local se han llevado á cabo en el transcurso de los tiempos, aún conserva un carácter marcadísimo de antigüedad, que fácilmente se echa de ver cuando se traspasan sus umbrales.

En los magníficos jardines de esta casa se conserva todavía un árbol llamado el Mirto de Alcázar, á cuya sombra es fama que se sentó á componer muchas de sus poesías el festivo autor de La cena jocosa.

Nació Alcázar, como ya dijimos, en 1531, siendo destinado por su padre al servicio de las armas, y adquiriendo fama de entendido y valeroso guerrero junto al insigne D. Álvaro de Bazán, primer Marqués de Santa Cruz, cuyos memorables hechos son orgullo de la patria.