Retirado de la milicia, y después de haberse encontrado en gloriosos combates, Alcázar volvió á Sevilla, y estableciendo aquí su residencia, contrajo matrimonio con una virtuosa dama muy elogiada por su hermosura.
Los poderosos Duques de Alcalá hicieron al poeta Alcaide Mayor de sus propiedades, dispensándole grandes favores y teniéndolo á su servicio durante cerca de veinte años.
En este largo período fué cuando Baltasar de Alcázar escribió casi todas sus composiciones, las cuales por desgracia aún no se han visto todas reunidas y coleccionadas con esmero, pues andan desparramadas en varios libros, sin que en ninguno pueda decirse que están completas.
Su poesía que más ha elogiado la crítica, y que es sin duda más popular que todas, es La cena jocosa, relación sencilla y espontánea, abundante en donaires y graciosas locuciones, que despierta el interés del lector y que puede servir como modelo de versificación natural y suelta.
La afición que Baltasar de Alcázar tuvo por las bellas letras no fué menos que la que sintió siempre por la música y la pintura; tocaba con suma habilidad varios instrumentos, y también dibujaba, animado por su excelente amigo Francisco Pacheco, quien le retrató en su célebre colección de varones ilustres.
Juan de la Cueva, Cervantes y el divino Herrera tributaron no pocos elogios á Baltasar de Alcázar, que vivió siempre muy estimado de cuantos le trataron y lleno de consideraciones por sus envidiables cualidades.
Falleció el poeta en 1606, á la edad de setenta y seis años y en la misma casa donde vió la luz, dejando gratísima memoria en sus coetáneos y un nombre brillante é ilustre en las hispanas letras.
XXXII
UN PER-AFÁN DE RIVERA
«Corazón gastado, mofa de la mujer que corteja, y hoy, despreciándola, deja la que ayer se le rindió.»
ESPRONCEDA.