Para terminar, diremos que el Príncipe de nuestros ingenios solía pasear con frecuencia por los antiguos portales de la plaza de San Francisco, donde era muy conocido de todos los que á aquel punto céntrico de la ciudad concurrían.
Habitó, según parece, tres casas en Sevilla: una próxima á Santa Paula; otra en la calle Alfolí de la Sal, y la última en la feligresía de San Isidoro; siendo de lamentar que nadie se haya ocupado en hacer algunas averiguaciones para señalar cuáles fueron estos edificios, que merecían ser adornados con alguna lápida conmemorativa.
XXXVI
DON JUAN TENORIO
«Á quien quise provoqué, con quien quiso me batí, y nunca consideré que pudo matarme á mí aquel á quien yo maté.»
ZORRILLA.
En esta colección de apuntes sevillanos no podía faltar en modo alguno el popularísimo caballero, hijo de nuestra ciudad, sobre quien tanto se ha escrito y tanto se ha discutido.
Llega el mes de Noviembre con su Conmemoración de los difuntos, y al mismo tiempo aparece en la escena de nuestros teatros ese personaje esencialmente español, audaz hasta la temeridad, pendenciero por naturaleza, burlador de mujeres y lleno de vicios que tienen un sello especial de grandeza y de hidalguía.
La figura de Tenorio resucita todos los años al sonido de las campanas que doblan tristemente por los que fueron; y el pueblo, que durante el día visitó el campo-santo para llevar coronas y faroles á las tumbas del padre, de la esposa ó del hijo por siempre ausentes, acude en la noche al teatro, donde presencia una vez más la escandalosa escena de la hostería, el rapto de la ideal novicia, el convite interrumpido por la fatídica sombra de Ulloa, y la salvación del alma pecadora del protagonista.
Esto de que las costumbres hacen leyes probado se ve únicamente con las representaciones del Tenorio. Ley se ha hecho ponerlo en escena en los primeros días de Noviembre; y tan es así, que otro cualquier día del año nadie concurre al coliseo que anuncia en sus carteles la popular obra de Zorrilla.
Sólo parecen bien las arriesgadas aventuras del audaz sevillano en los momentos en que la Naturaleza, despojada de sus espléndidas galas, cual si se asociase al duelo de la humanidad, se prepara á recibir al anciano Invierno.