Y ahora preguntamos: ¿ese D. Juan Tenorio, tipo acabado del calavera de otros tiempos, conjunto de todas las maldades, alma indómita y corazón de fuego, ha vivido en el mundo real, ó es únicamente la creación de un poeta?
Hé aquí una duda difícil de aclarar. Los críticos no han podido averiguar aún la verdad en este punto, y el origen de D. Juan Tenorio es un misterio.
Cada escritor de los que tratan el asunto dice una cosa distinta; cada uno lo presenta de modo diferente, si bien están conformes en achacar al héroe todas las travesuras imaginables; pero la fuente primitiva, el cimiento sobre el que se han construído tantas obras, no se ha precisado de manera clara, terminante y que no ofrezca lugar á dudas.
Á Tirso de Molina corresponde desde luego la gloria de haber sido el primer poeta que dió á conocer al D. Juan famoso. Cuantos después de Téllez le han tratado en leyendas, dramas y novelas, inspiráronse en lo que él dijo, y siguieron sus huellas más ó menos cerca ó con peor ó mejor acierto.
El burlador de Sevilla dió origen á cuanto de este personaje escribieron Molière, Corneille, Dumas, Byron, Junqueiro y otros autores extranjeros y nacionales; ¿pero en qué tradición, en qué documento, en qué hecho se inspiró Tirso de Molina?
Aquí entran las opiniones particulares de los críticos, que, como casi siempre ocurre, son muy diversas, y no es cosa de reproducirlas ahora.
Dejo, pues, á un lado el origen de D. Juan Tenorio, para que otro con más instrucción y paciencia se dedique á ponerlo en claro; y para concluir dedicaré algunos párrafos á la obra del inmortal poeta, que, abrumado de años y de laureles, era hasta hace poco el único que nos quedaba de una época gloriosa para las letras españolas.
Cuando Zorrilla escribió su célebre drama estaba muy lejos de sospechar que iba á ser la más popular y aplaudida de sus obras. Él mismo, en sus Recuerdos del tiempo viejo, nos dice de qué manera tan curiosa comenzó el trabajo. Sin haber formado plan ni haber meditado el asunto, dejó correr la pluma, y fué llenando cuartillas y más cuartillas de versos, si á veces incorrectos, fáciles, inspirados y armoniosos; y tras una escena imaginó otra, y en corto número de días la obra quedó terminada, y se estrenó sin que su autor llegara á repasarla con algún detenimiento.
El éxito fué grande; el público de entonces aplaudió, como aplaude el de hoy y como aplaudirá el de mañana, porque las creaciones del genio siempre causan admiración, cualquiera que sean los gustos que priven y las escuelas que estén en moda.
Parecía casi olvidado el Tenorio de Zorrilla algunos años después de su estreno. Lo puso en escena el actor D. Pedro Delgado, que se hallaba en todo el apogeo de sus facultades, y entonces se inició la costumbre de representarlo en los primeros días de Noviembre, y entonces se extendió por todas partes, y el propietario de la obra hizo una fortuna.