y esta sed que siente el alma

de arte, luz, verdad y ciencia!

De este modo fué Francisco Álvarez enriqueciendo su mente y perfeccionando su dicción, hasta llegar á escribir un libro de versos muy estimables y un drama en dos actos, titulado Dios en todas partes, que se representó en Manatí, el 19 de Febrero de 1881, tres semanas antes de su muerte.

Hay en sus obras una gradación notable, que indica al observador los progresos que iba realizando en lucha con tanta desgracia y con su propia decadencia física, y que permite calcular hasta dónde hubiera llegado en la perfección de sus producciones si hubiera vivido algún tiempo más. Por desgracia falleció el día 4 de Marzo de 1881, á los treinta y dos años de edad, en plena florescencia de su ingenio, retardada por la enfermedad, y cuando iba logrando dar forma literaria á sus pensamientos, á favor de esfuerzos admirables.

Sus poesías más celebradas son: Á América, Meditación Nocturna, La Primavera y Últimos Cantos.

El pueblo de Manatí ha honrado merecidamente la memoria de este poeta mártir, que dejó en sus obras, aunque imperfectas, muestras muy valiosas de su ingenio, de la bondad de su alma y de su cristiana resignación.

Á AMÉRICA

¡Cuántas veces, oh América, he templado

Mi inacorde laúd para cantarte,

Y cuántas ¡ay! mi plectro ha vacilado!...