De admiración absorto al contemplarte,

Por tan rara belleza fascinado,

Nunca pudo mi acento consagrarte

El himno de mi amor grande y profundo;

Canto digno de tí, virgen del mundo.

Y decía mi mente contristada:

¿Cómo, al concierto universal que brota

De esa región espléndida, encantada,

De mi plectro uniré la débil nota,

Si yo, cual avecilla en la enramada