Sus cantos á la patria, en los que pide á ese mismo Dios, para celebrarla en sus glorias y alegrías, una vida sin fin y una lira inmortal, son lo sublime en la inspiración y en el amor. En el amor de lo bello y de lo grande.

Ellos son como una harmonía celestial, que resonará al través del tiempo, infundiendo, en los pechos indiferentes, el calor del elevado patriotismo.

El patriotismo de la fe en el progreso; de la fe en la ciencia; de la fe en la libertad.

El los llamó su testamento; y más que un testamento, son la apoteosis de su genio.

El "Encargo á Mis Amigos," brilla, sobre su sepultura, con esa indefinible melancolía del último rayo de sol que se hunde en el horizonte.

Es una melodía cantada por el poeta en instantes solemnes.

En los instantes lentos en que iba á dormir, no el sueño de la muerte, sino á vivir en la inmortalidad.

¡Dejadle gozar de su nueva existencia!...

II

Mientras lejos de la patria su espíritu vaga por la región de las eternas armonías; mientras se inunda de nueva luz, y de las alturas, aun contempla su bella patria, virgen inocente; cubierta de guirnaldas; besada por los céfiros; y embriagada siempre por la sonrisa de un cielo azul, purísimo; llévele esa patria, doliente, coronas á su última morada.