¡Bendito seas, Océano! ¡Bendito tú que murmuraste á mi oído tu contínuo murmullo, cuando aun mis pupilas vírgenes no habían recogido el primer rayo de esta luz tropical!! ¡Bendito tú que con tus ruidos has apagado tantas veces las voces de mi inquietado espíritu, y con tus tormentas acallado las tormentas de mi alma!!!

Yo quisiera pintarte tal cual eres, para que te viesen con los ojos del alma los que leyeran estos repetidos alfabetos trabados en tan varias combinaciones, pero no puedo; te he descrito diez veces ó más, y he roto mi trabajo, ó he arrojado mi pluma, porque me encontraba impotente; porque las palabras me parecían hielo; porque decía y no pintaba; porque eras todo aquello escrito, pero eras mucho más; aquello aumentado mil veces; un no sé qué magnífico, que sólo pudo hacerlo Dios, y sólo comprenderlo quien lo mirara con los ojos del cuerpo y pudiera embeberse ante el divino espectáculo de su colosal grandeza.

Inmensas extensiones azules que os salpicáis de fugitivas estrellas blancas formadas por puntas de olas, apenas rotas en espumas por el viento; tintas violáceas, que flotáis en las superficies de las aguas, bajo cuyas transparencias vegetan multiplicadas plantas marinas; sombras de lejanas tierras, veladas por las vaporosas gasas de la bruma; guirnaldas plateadas, que circundáis á la altiva roca elevada en la soledad del Océano, que amoroso la estrecha, rodea, abraza y acaricia; puntos blancos que, divisados á lo lejos, reveláis otras tantas velas que se redondean como el seno de las vírgenes con el aire que viene de los cielos; profundidades cavernosas, donde entre verdes cristales se miran serpear peces de infinitos colores; claras ondas, que os complacéis en ver cómo el sol se goza quebrando en vosotras sus rayos; aves que pasáis mojando las puntas de vuestras alas en el movible espejo en que os miráis volar; olas, que arrebatadas por el viento os esparcís en la atmósfera como irisadas lluvias, en cada una de cuyas gotas va retratado el Universo; espumas blancas, que bordáis las orillas con caprichosos dibujos renovados de momento en momento; amantes brisas, que al tocar el reluciente líquido le imprimís sombrías manchas circulares, rastros de vuestros besos; pequeños ondulados movimientos del agua, donde centella la luz como en las facetas de un diamante; presentáos todos; olas, brisas, sombras, rayos del sol, aves y espumas; presentáos en conjunto clarísimo y harmónico á la mente, para que después digamos si este cuadro, cubierto por el dosel de un cielo de zafiro, y acompañado por la eterna nota sonora que se eleva incesante á las nubes, como la plegaria eterna de la mar, no es la obra fantástica más grande de los creadores éxtasis de Dios.

San Sebastián, España, (1873).

TROZO ORATORIO

(Fragmento de un discurso pronunciado en el Ateneo Portorriqueño, sobre "Relaciones de la Literatura con la Historia de los pueblos.")

Hace ya más de un siglo que los métodos históricos se han ido enriqueciendo poco á poco, con la idea de que una obra literaria "no era un simple juego de imaginación, el capricho aislado de una cabeza caliente, sino una copia de las costumbres que la rodearon, y como el cuadro representativo de un estado del espíritu humano," á tal extremo, que, para grandes pensadores modernos, un documento literario importante podría servir, bien interpretado, para estudiar en él la psicología de un alma, como en Jocelyn; generalmente la de un siglo, como en la Divina Comedia; y á veces la de una raza, como en la Iliada ó en los poemas indios, el Ramayana y el Mahabharata, llegando á concluír de todo ello, que principalmente por el estudio de las literaturas es que se podrá hacer la historia moral de los pueblos, y marchar hacia el conocimiento de las leyes psicológicas de donde emanan los acontecimientos, como expone victoriosamente Hipólito Taine, en su Historia de la literatura Inglesa.

Tales ideas aplicadas á los procedimientos históricos, han sido parte á que se obtuviesen los grandes resultados que se palpan en escritores como Thierry y Michelet, como Sainte Beuve y el mismo Hipólito Taine, los cuales ocupándose (como señalada y expresamente lo hace este último en su notable estudio sobre los orígenes de la Francia contemporánea, y en sus demás trabajos sobre Filosofía del arte en Grecia, en Italia, en Inglaterra y en los Países Bajos) de la raza, el medio y el momento, es decir, de la cuna ú origen en el personaje histórico de que se trata, que puede ser un pueblo entero; del lugar y clima é instituciones donde esa misma representación se mueve; y del momento en que acontece el suceso que se comenta y estudia, llegan á conclusiones maravillosas, de precisión y lógica, garantizadoras de toda verdad y prometedoras de acierto.

Y no cabe duda.