Ni avaro, ni oprimido, ni creyente

Mi soberbia satánica se humilla,

Ni hundo en el polvo la abatida frente,

Ni ante un ídolo doblo la rodilla.

Porque el dios, el monarca y el tesoro

Á quienes rindo adoración cumplida,

Es una virgen de cabellos de oro,

Único encanto de mi triste vida.

ANÍBAL

(fragmento)