De allí volvió á Puerto Rico, se avecindó en Ponce, y reanudó sus tareas de periodista en El Postillón redivivo, que sucumbió el año siguiente, á fuerza de multas, procesos y suspensiones.
Á fines del año 1891 se hallaba Marín en Nueva York, colaborando en el periódico separatista Gaceta de Puerto Rico, dirigido por el Señor Vélez Alvarado. Fué durante algún tiempo secretario del Club Borinquen, establecido en aquella ciudad, y publicó entonces su primera colección de versos con el título de Romances, á la cual pertenecen las composiciones que se insertan al final de estas líneas.
Sus biógrafos suelen aplicarle el calificativo de bohemio, quizá por lo que tenía de ambulante; pero su peregrinación no era voluntaria, sino más bien consecuencia de su temperamento batallador y de su espíritu revolucionario. Su inquietud tenía mucho de rebeldía. Las obras que publicó revelan talento é inspiración poética. Sentía, pensaba y sabía expresar sus ideas con cierta elegancia y energía, pero en él superó siempre el hombre de acción al hombre de pensamiento, y manejaba mejor el rifle y el machete que la pluma.
Su poesía es, sin embargo, espontánea, y se revela en ella sin esfuerzo su corazón y su carácter.
Hallándose en la gran metrópoli comercial americana tuvo noticia de que había muerto su hermano Wenceslao, teniente de caballería en el ejército cubano en campaña, y quiso suplir á aquél, peleando por la libertad de Cuba. Se agregó á la expedición del Dr. Rafael Cabrera, en Agosto de 1896, y en Octubre del mismo año figuraba como sargento en la escolta de Máximo Gómez, desempeñando el cargo de Secretario auxiliar del Despacho.
La vida azarosa de los combates y lo insalubre de las lagunas y los terrenos pantanosos que con frecuencia tenía que recorrer, le produjeron unas fiebres rebeldes. Tres soldados fuertes recibieron el encargo de conducirle á una zona libre de peligros, en donde pudiera curarse; pero arreciaba la fiebre de Marín, no podían pasar la Trocha sino después de un larguísimo rodeo, y decidieron dejarle provisionalmente en una espesura del bosque, para volver luego con más fuerzas y medios de seguridad para salvarle.
Parece que los accidentes imprevistos de la guerra alejaron á los compañeros de Marín de aquel sitio más de lo que ellos habían pensado, y la enfermedad aniquiló pronto al pobre guerrillero. Un mes más tarde, cuando aquéllos lograron volver junto á la ciénega de Turiguanó, donde había quedado Marín, sólo encontraron en la hamaca el esqueleto de nuestro infeliz poeta, abrazado á un fusil....
Ocurría esto en Noviembre del año 1897.
Las dos siguientes composiciones suyas pueden dar idea de la inspiración poética del autor, en los dos estados de ánimo que eran en él más frecuentes: