donde hay luz, y cariños, y poesía;

donde no existe un átomo de sombra,

allí van á formar, amado mío,

nido de luz las raudas mariposas.

II

Cuando me encorve el peso de los años,

cuando la senda del dolor recorra

y, cansado viajero, sin un triunfo

me tienda á descansar sobre una fosa,

¡quiera Dios que en la noche de mi cráneo,