En su amor se templó mi sentimiento,
y al culto de su gloria y su grandeza
erigió mi razón un monumento.
Sí; yo anhelo que luzca su belleza:
no cual inverecunda cortesana
que arroja al lodazal su gentileza,
ni así como odalisca, flor liviana
de uno en otro serrallo trasmitida,
gaje ó juguete de opresión villana.
La quiero entre los pliegues guarecida