Todos dispersos están los que un día
Vida prestaron al tétrico albergue;
Y al exclamar melancólico: "¡Cuándo,
Cuándo otra vez se unirán los ausentes!"
Como en los tiempos pasados, escucho
Sólo del viejo reloj los vaivenes:
¡Por siempre,—nunca!
¡Nunca,—por siempre!
¡Nunca en el mundo falaz, engañoso!
¡Por siempre allá de la mística muerte