Tu me enseñaste á rezar,

¡Tú me enseñaste á querer!

¡Mil y mil veces bendita

Sea la madre dulce y tierna,

Que deja en el alma escrita

Una ventura infinita

Con una esperanza eterna!

¡La que de moral herida

Con besos el dolor calma,

Y, gozosa y sonreída,