Era hombre de carácter y de firme voluntad, y á fuerza de lecturas y de viajes metódicos había logrado adquirir un copioso caudal de conocimientos.
Falleció en Cherburgo, Inglaterra, á mediados de septiembre de 1913.
El siguiente artículo pertenece á su colección de Benefactores y hombres notables de Puerto Rico.
FRAY IÑIGO ABBAD Y LASIERRA
Historiógrafo de Puerto Rico
Hemos buscado noticias inútilmente dentro del cuadro magnífico que trazó el P. Félix Latassa, ó sea en sus Biblioteca Antigua y Nueva de Escritores Aragoneses; y, en verdad, nos sorprende se tenga en deplorable olvido el nombre de varón tan esclarecido como el de Fray Iñigo Abbad y Lasierra; sin duda el prodigioso número de hombres ilustres con que cuenta Aragón, pueblo rico en todo género de grandezas, ha hecho que se acostumbre á contemplar el mérito sin asombro y á considerarlo como cosa corriente; pero si el hermoso recuerdo de la vida de Fr. Iñigo, saturada de simpático perfume, consagrada á los estudios históricos y á los actos austeros se ha borrado de su país; si su espíritu sano y cultivado, ocupado en las investigaciones del pasado, se ha perdido para los aragoneses; su memoria vive y vivirá por siempre en el corazón de los portorriqueños. No nos explicamos cómo un escritor de tan bellas dotes y de un patriotismo tan acrisolado, sea casi desconocido en su propia tierra. Así nos valemos, al ocupamos de este personaje, de los datos que nuestra diligencia y la admiración que siempre él nos ha inspirado, supieron proporcionarnos. Hasta ahora, que sepamos, ningún libro especial se ha dado á los vientos de la publicidad referente á la vida del ilustre benedictino; por lo que nos proponemos transmitir su nombre á la posteridad, ya que supo hundir su mirada escrutadora en las obscuridades del pasado y hacer revivir los hechos más gloriosos de nuestra historia regional.
Escasas son las noticias, que aún en su misma provincia, se nos han podido facilitar sobre la vida del benemérito monje.
Nació Fr. Iñigo el año 1737 en Barbastro-Huesca,—ciudad obispal desde el siglo XII hasta mediados del presente; por cierto, uno de los que estuvieron al frente de esta diócesis fué el célebre Ramiro el Monje, rey de Aragón, figura inmortalizada por el pincel del eminente Casado del Alisal, en su cuadro La Campana del Rey Monje. Barbastro es también patria de los peregrinos ingenios Lupercio y Bartolomé Argensola, tan conocidos en los fastos literarios.
En aquella ciudad estuvo en 1868 el inolvidable enaltecedor de nuestras letras y entusiasta propagandista de la cultura intelectual en la Isla, don Alejandro Tapia y Rivera, con el fin de hacer reproducir un retrato de nuestro bien querido historiador, retrato del que es copia el que adorna los salones de la Sociedad Económica de Amigos del País, en San Juan, que á nuestro juicio no guarda parecido con la fotografía directa, hecha tomar del que existe en la biblioteca pública de Barbastro. La copia al óleo ya mencionada, ni por su parecido ni por la posición sentada en que se encuentra el personaje guarda semejanza con el retrato auténtico. Fr. Iñigo en el original aparece de pie y su fisonomía revela mayor dulzura y benevolencia.
Descendía Fr. Iñigo de noble familia aragonesa, que procuró darle esmerada educación, que aprovechó de un modo brillante desde sus primeros años, y después fué monje benedictino en el monasterio de San Juan de la Peña, en el que se dedicó al estudio de la historia y antigüedades. Recordamos los nombres de dos hermanos suyos, que por sus talentos y virtudes alcanzaron puestos distinguidos y altas dignidades eclesiásticas. El uno, de mayor edad, se llamó don Manuel Abbad y Lasierra, individuo correspondiente de la Academia de la Historia, Prior de Meya, presentado por S. M. para Obispo de Ibiza y de Astorga, Arzobispo de Selimbria in partibus infidelium y autor de obras recomendables, Inquisidor general de España, al principio del reinado de Carlos IV, el cual Abbad comisionó al canónigo don Juan Antonio Llorente, el conocido autor de la Historia Crítica de la Inquisición, para trazar un plan benigno de importantes modificaciones en el orden interior y procedimientos del Santo Oficio, que le encaminase á sustanciar sus procesos por el derecho civil, por lo cual, teniendo presente el fin del odioso tribunal, equivalía á su abolición; empero la intransigencia fanática, que había hecho fracasar con anterioridad los filantrópicos proyectos del conde de Floridablanca en igual sentido, hizo destituir al hermano de Fr. Iñigo y consiguió se le recluyera en el monasterio de Sopetrán; plan que el insigne Jovellanos quiso luego llevar á la práctica, y no pudo, por haber caído del ministerio. El otro se nombraba don Augustín, quien después de ser catedrático de Humanidades, llegó al episcopado y por sus ideas benévolas y humanitarias fué encausado por el Santo Oficio. En nuestra admiración por los miembros de esta ilustre familia, nos complacemos en consignar que ninguno de ella brilló por su intransigencia y sí por sus méritos indiscutibles, saliendo al fin ilesos de las redes inexplicables de la autocracia romana y de las iras inquisitoriales.