En 1889 recibió encargo del Gobierno de Chile para reformar la enseñanza en aquella importante República, en donde se conocían y se estimaban ya las grandes aptitudes pedagógicas de Hostos. Mientras desempeñaba en la Universidad de Santiago de Chile la cátedra de Derecho Constitucional, escribió para uso de sus discípulos un tratado, que adquirió extraordinaria resonancia por la novedad y excelencia de su doctrina, y por el buen método de su exposición.
Cuando estalló de nuevo la guerra cubana pensó Hostos en las complicaciones que podían alcanzar á Puerto Rico en el caso de que los Estados Unidos se decidieran á intervenir, y tan pronto como terminó su compromiso en Chile, trató de organizar en Puerto Rico una Liga de Patriotas que trabajase en favor de la independencia de esta isla, procurando que no llegase á ser teatro de luchas sangrientas. Pero los sucesos se habían precipitado, el país aceptó voluntariamente la nueva soberanía, y Hostos se fué á continuar en Santo Domingo su obra de educador, después de haber fundado en Mayagüez el Instituto Municipal.
Á pesar de lo accidentado de su vida y de los trabajos políticos á los cuales prestó siempre gran atención, escribió Hostos cerca de cincuenta volúmenes, entre libros y folletos, todos interesantes y útiles, y muchos de ellos merecedores de alto elogio y de gran estimación.
Analizando atentamente sus obras, y estudiando bien las circunstancias de su vida entera, se adquiere el convencimiento de que Hostos estaba dotado de un carácter noble y austero, de que poseía una cultura extraordinaria, y de que tenía grandes condiciones de pensador y de pedagogo.
En los dos trabajos suyos que se insertan á continuación de estas líneas se reflejan dos aspectos distintos de su entidad moral: lo tierno y delicado de su naturaleza afectiva, y la severidad y pureza de sus ideas en punto á deberes humanos y de disciplina social.
EN BARCO DE PAPEL.
á ángela rosa silva,
en pago de un artículo suyo que inadvertidamente rompí.