Pasé por alto una multitud de partidas; pero no pude menos de reparar en una data.

Estaba figurada en estos términos:

«A doña Amparo, por encargo especial del señor, cuatro mil reales.»

—¡Cuatro mil reales!—dije con extrañeza—ese no será el total de la data.

—Sí, sí por cierto, señor, doña Amparo no ha recibido más.

—¿Y en qué consiste? ¿No mandé a usted que entregase todos los meses mil reales a doña Gregoria?

—Sí, sí, señor, pero doña Gregoria me dijo al cuarto mes que no recibía más... por aquel año... que a la señorita la bastaba para un año aquella cantidad y...

—Usted debió insistir.

—Insistí... pero yo no podía obligar a doña Gregoria...

—Y al año siguiente...