—¡Yo!... de ningún modo.
—Hay un medio: en el locutorio puede usted estar a un lado de la reja sin que ella le vea.
—Eso es repugnante.
—Necesito que usted asista a esta grave conversación... compréndame usted y disculpe como debe mi franqueza.
—Pero yo confío ciegamente en usted.
—Y yo desconfío del buen éxito de mi mensaje. Por lo mismo, quiero que usted asista a mi lado.
—¿Y si yo resistiese?
—Resistiría yo.
—Pues bien: iremos.
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