Si esto ha sido verdad... ¡Oh Dios mío! tu justicia ha sido severa; severa e implacable.

Si ha sido un sueño, ¿para qué me has dado ese ardiente sueño, Dios mío, ese sueño escrito por mi mano, que me hace dudar, que me envenena el alma?

¿Será acaso ese sueño un castigo a mi impiedad, a los impuros desórdenes de mi juventud?

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¡Cuánto tarda ese hombre que ha ido a Madrid!

Me siento cada día más débil.

Cada día escribo con más dificultad.

Ignoro si podré concluir.

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