No tenía un cuarto y estaba desesperado.
Un viejo reloj de pared me dejaba oír un monótono tic-tac.
El ruido de un péndulo cuando se está en cierta disposición de ánimo, es un ruido que crispa los nervios.
No sé a quien he oído decir que el cólera morbo es una enfermedad nerviosa.
De modo, que cuando no se tiene sueño, cuando no se tiene dinero, y se tiene frío, y se oye el tic-tac de un péndulo, en medio del silencio de la noche, se está muy expuesto a ser un caso.
Por lo mismo, y cediendo a un laudable sentimiento de conservación propia, voy a meterme de nuevo en la cama y a buscar la vida en el sueño.
Porque, si la vida es sueño, el sueño debe ser vida.
Y esto es tan exacto, como que, si la vida del hombre son las ilusiones, nada más comparable a la vida que el hermoso sueño de un sediento que cree estar echado de bruces sobre una fuente cristalina;
O el de un pobre que cuente oro;
O el de un enamorado que besa y devora a una mujer hermosa;