Era un amor, ni todo espíritu, ni todo materia. Era un amor humano: el amor del hombre hacia la mujer: una atracción incontrastable me arrastraba en mi pensamiento a confundirme con ella: parecíame sentirla engrandeciendo mi ser, absorbiéndose enteramente su cuerpo y su alma, respirando en su aliento, latiendo en su corazón, viviendo en su vida... ¡Oh! El lenguaje humano es miserable... no tiene palabras para el sentimiento, es impotente para traducir el alma. Yo la amaba como a mí mismo, más que a mí mismo: la amaba hacía mucho tiempo: para conocer que la amaba necesité verla en el esplendor de su hermosura, en el lujo de su transformación, y entonces comprendí que yo no estaba hastiado sino sediento; que en mí no había muerto nada; que mi vida había pasado entre un marasmo fatigoso producido por el lodo del mundo en que hasta entonces me había revolcado.

Aquella transición de la trapera a la dama, de la niña a la mujer, transición para mí violenta puesto que alejado de ella durante seis años no había podido asistir a la elaboración lenta, gradual, lógica de aquella transformación; fue para mí...

Suponed por un momento que el sol no existe: que sólo os alumbra una luz artificial: que habéis recorrido el mundo armado de una linterna, tropezando aquí, cayendo allá, buscando no sé qué quimera de vuestro pensamiento; que habéis aplicado la luz de vuestra linterna al semblante de todo el que habéis encontrado, y habéis visto un rostro repugnante del cual habéis apartado los ojos con hastío; que habéis seguido siempre adelante buscando vuestro fantasma y os habéis cansado al fin; habéis arrojado la linterna y os habéis quedado a oscuras, exclamando:

—El mundo es la horrible verdad de lo monstruoso, de lo deforme: la vida una carga insoportable; el hombre nuestro hermano no existe; la mujer nuestra ayuda es sueño. El que tiene vida en ese mundo de horribles verdades muere; no hay Dios: no hay humanidad. El mundo es hijo del acaso: el hombre es un reptil como otro cualquiera.

Y suponed que cuando acabéis de pronunciar esa blasfemia aparece de repente el sol en una explosión de luz y de armonía: que lleváis una mano a vuestros ojos que se deslumbran, y otra sobre vuestro corazón que se enternece lleno de una nueva vida, y que cuando volveis a abrir los ojos os encontráis de nuevo en las tinieblas, enardecido por el próximo y candente recuerdo de la luz divina que os ha deslumbrado, de la armonía de los cielos que ha reanimado vuestro ser... y después de haber supuesto esto suponed vuestra desesperación, vuestro dolor.

Dios existe: existe la luz; pero Dios está irritado contra vos, no ha hecho la luz para que brille en vuestros ojos; no ha hecho la armonía para que deleite vuestros oídos: sois un ser condenado: Dios es un ser vengativo.

Yo había buscado en el mundo sin encontrarle el amor tal cual yo le comprendía... le había buscado en vano y me había dicho:

—Nuestro amigo y nuestra amante son dos fantasmas soñados por nuestro deseo.

Dios no puede haber dado a su hechura aspiraciones imposibles.

Si no ha podido dárselas y las tiene no existe Dios.