—Esperad, esperad todavía.

Montiño volvió á sentarse con pena.

—Cualquier cosa que os suceda, la remediaré yo, y si no puedo remediarla, procuraré satisfaceros lo mejor posible.

—¡Ah! ¡señor! ¡Dios se lo pague á vuestra señoría!

—¿Para cuándo ha citado doña Ana de Acuña al duque de Lerma?

—Al duque de Lerma, no—dijo en una suave advertencia el cocinero.

—Al rey... eso es... es lo mismo... ¿cuándo debe ir el duque de Lerma á hacer el papel del rey en casa de esa mujer?

—Tengo que avisarla.

—Id á llevar esta carta al duque.

Montiño se levantó de nuevo.