—Por la última, seis rejas más allá.

—Pues vendré á las doce.

—Venid; pero no os abriré el postigo; bajaré á hablar.

—Bien, muy bien; me basta.

—Pues quedáos con Dios, que temo que mi señora me llame.

—Ve con Dios, y no te olvides de mi cita.

—No lo olvidaré; á las doce, por la última reja del lado de allá; ésta es la primera.

—Hasta luego.

—Hasta luego.

La reja se cerró.