—Habrá salido...
—Sí, señora: pero es el caso que se ha dejado su manto.
—Esperad, que ya volverá: cuando vuelva la decís que la despido, y que Bustillos corra con lo necesario para enviársela á su padre, con una carta en que se diga por qué la vuelvo.
—Muy bien, señora.
—Haced que me traigan algo que sirva para pegar papel.
Trajeron á la duquesa almidón cocido.
—Retiráos—dijo la duquesa—; cerrad la puerta, y que nadie entre bajo ningún pretexto sin que yo le llame.
—¿No almuerza la señora?
—No.
La dueña salió admirada.